martes, 12 de mayo de 2009

Resumen del tema tres: Aprender en la edad adulta.

Hemos de comenzar diciendo que la adultez tiene unos rasgos propios alejados de las etapas evolutivas para las que, convencionalmente, se ha concebido la educación. Por lo tanto, aunque este ámbito comparte los principios generales que persigue todo empeño educativo, se encuentra básicamente marcado por determinados elementos diferenciadores.

Este capítulo trata y comentar con gran detalle las características propias de la educación en la adultez, es decir, queda definido el concepto de persona adulta, etapas evolutivas de la adultez, especificidad del aprendizaje adulto y algunos aspectos psicopedagógicos del aprendizaje adulto.

1. Concepto de persona adulta.

Esta etapa aparece como el periodo evolutivo más largo y representativo de la vida de la persona pero aun no cuenta con una definición objetiva pues está sujeta a importantes variaciones culturales y conlleva connotaciones muy diferentes. Resulta tarea compleja definirla y ello se debe a que no ha habido gran interés por estudiar esta etapa ya que los estudios se han centrado en la niñez, la adolescencia y la vejez y conlleva interpretaciones diversas.

Etimológicamente significa “el que ha terminado de crecer, el que ha crecido”. Con el término edad adulta hacemos referencia a aquella en la que el organismo humano alcanza su completo desarrollo y la mayoría de edad. En nuestra cultura se entiende por adulto la persona que ha dejado de crecer y se halla situado entre la adolescencia y la vejez; el periodo más largo de la vida humana.

Antropológicamente, este concepto se define de una u otra manera en función de los rasgos culturales de una sociedad. Mientras que en las sociedades modernas se es adulto cuando se deja de ser joven, en las antiguas y primitivas sociedades, la juventud no existía, pues se pasaba de niño a adulto. Tampoco se separaba la adultez de la ancianidad, por lo que al anciano se le consideraba también adulto.

En el contexto jurídico este término viene a determinar lo que se conoce como la mayoría de edad, esto es, aquella edad que según la ley ha de tener un sujeto para poder disponer de si, para decidir sobre sus intereses etc. La mayoría de edad varía en función de una sociedad u otra. En gran parte del mundo occidental se alcanza la mayoría de edad a los 18 años.

En el sentido pedagógico, la diferencia entre las personas en edad adulta y los menores de edad reside en que la principal función social que desempeñan estos últimos es asistir a la escuela. Los adultos, sin embargo, realizan otras tareas o funciones prioritarias, por ejemplo se insertan en el mercado laboral.

Desde una perspectiva psicológica, la madurez hace referencia a la persona responsable de la propia conducta que posee plenitud de juicio, serenidad y dominio de sí mismo y que actúa de forma autónoma y realista.

Por otra parte, desde un enfoque social se considera persona adulta a la que está integrada y ocupa un puesto en la sociedad, lo que conlleva determinadas responsabilidades y derechos.

Para concluir con el apartado me gustaría reflejar que la adultez, como bien queda expuesto en el capítulo no puede ser considerada como una etapa de vida estática, estable y uniforme, pues suceden cambios al igual que es épocas anteriores.

2. Etapas evolutivas de la adultez.

Existen tres etapas básicas que definen la adultez: adultez temprana, adultez media y adultez tardía. Las características de cada etapa son:

Adultez temprana (18-35 años):

- Acceso a la edad legal.
- Enfrentamiento por primera vez con el mundo de trabajo.
- Formación del núcleo familiar propio.
- Cumplir con derechos cívicos que obligan moralmente.

Adultez media (35-65 años).

- Mayor productividad, especialmente intelectual y artística.
- Consolidaciones de los roles profesionales y sociales.
- Se alcanza el máximo grado de autorrealización.
- Época de mayor contribución socioeconómica y política.
- Ligera declinación en las funciones físicas.
- Riesgo de alejamiento forzoso del mundo laboral.

Adultez tardía (más de 65 años).

- Disminución de actividades sociales.
- Los intereses se vuelven menos intensos.
- Aparición de afecciones crónicas.
- Descenso de la capacidad para el trabajo físico e intelectual.

3. Algunos aspectos psicopedagógicos del aprendizaje adulto.

Dentro de este apartado vamos a hablar de los factores que inciden directamente en los procesos de aprendizaje. Entre los más importantes se encuentran la inteligencia, la memoria, la motivación y la experiencia.

Inteligencia: Se distinguen dos tipos de inteligencia, la fluida (relacionada con estructuras del sistema nervioso, con el desarrollo fisiológico) y la cristalizada (relacionada con habilidades de la propia cultura, se asocia a la experiencia). Ciertos estudios demuestran que con el envejecimiento se produce un declive de la inteligencia fluida y un incremento de la cristalizada, ya que, a esta edad se suelen perder habilidades para aprender, sin embargo, la experiencia adquiere una importancia considerable.

Memoria: Capacidad para evocar información o procesos previamente aprendidos. Los adultos más jóvenes organizan la entrada de datos de tal manera que mejoran la adquisición de saberes, crean determinados números de pistas para el recuerdo y tienden a jerarquizar los diversos procesos de recepción de la información. A medida que la edad avanza el individuo capta la información con mayor dificultad y lentitud.

Motivación: Estado o disposición del individuo que lo inclina a cierto comportamiento o a la consecución de determinadas metas. Con relación a las personas adultas, éstas tienen numerosas dificultades para aprender una actividad formativa debido a la falta de tiempo, la fatiga, las responsabilidades personales… pero si está motivado será capaz de realizarlas.

Experiencia: La experiencia forma parte inherente de la persona y se considera un rasgo esencial de la adultez, pues el mayor tiempo trascurrido hace que sea más amplia, rica y diversa que en periodos cronológicos anteriores.

4. Especificidad del aprendizaje adulto.

Como dijimos a principio del capítulo, la educación de adultos comparte los principios generales de todo empeño educativo, pero se encuentra sin embargo marcado por elementos diferenciadores.

Dentro de este apartado es necesario e imprescindible reflejar las diferencias que entre un niño y un adulto existen en cuanto a diversas cuestiones se refiere:

Un niño posee escasa experiencia; un adulto cuenta con mucha experiencia.
El aprendizaje del niño se basa en la formación y el de un adulto se caracteriza por la transformación.
La Educación de un niño tiene como finalidad desarrollar ciertas funciones, mientras que un adulto tiene como finalidad satisfacer necesidades.
Mientras que la motivación del niño por aprender es extrínseca, los niños van a la escuela porque sus padres les obligan, los adultos aprenden por motivos intrínsecos.
El pensamiento de un niño es específico y concreto, el de los adultos es generalizado y abstracto.
El autoconcepto de un niño está en proceso de formación y el de un adulto es consistente y diferenciado.
Los niños tienen más gusto por la novedad mientras que los adultos cuentan con resistencia al cambio.
Los niños poseen una responsabilidad limitada y los adultos una personalidad asumida.


Otros rasgos específicos del aprendizaje en esta edad son:
Predomina el carácter voluntario desencadenado por intereses personales, sociales y laborales.
La actividad educativa se suele compartir con otras responsabilidades.
Se valoran las experiencias de aprendizajes que sean útiles para responder a las necesidades generadas para manejar sucesos específicos de los cambios de vida por ejemplo, el matrimonio, nuevo trabajo, despido…
El aprendizaje se ve favorecido si se tiene posibilidad de relacionarse con otros adultos.
El aprendizaje por sí mismo no suele resultar gratificante. Se realizan las actividades formativas con el fin de aplicarlas a algo que reporte ventajas inmediatas.
Se suele necesitar más tiempo para procesar y establecer relaciones entre nuevos y anteriores contenidos.

5. Implicaciones para la mejora de la práctica educativa.

A continuación quedan recogidas algunas sugerencias en cuanto a los principios que pueden ayudar al mejor desarrollo de la práctica educativa en la adultez, y estas sugerencias son:
Partir de los intereses y motivaciones de los participantes.

Basar el aprendizaje en la participación activa y democrática, utilizando el diálogo y el trabajo en grupo.

Seleccionar aquellas metodologías y estrategias de aprendizaje más acordes con el proceso de evolución en que se encuentre el sujeto.

Aprovechar la experiencia que poseen las personas adultas y el caudal de conocimientos prácticos adquiridos a través de la misma.

Destacar la proyección hacia la práctica al impartir los nuevos conocimientos dado que los adultos buscan la inmediatez de la aplicabilidad para la mejora de su vida personal, profesional y social.

Potenciar las funciones de orientador, facilitador y animador del educador.

Para concluir con el capítulo debo decir que la persona adulta está capacitada para llevar a cabo con éxito procesos de aprendizaje a fin de enriquecer su propia individualidad y mejorar su entorno.

Hoy más que nunca, aprender en la edad adulta significa especialmente enseñar a guiarse entre los conocimientos, a ordenarlos, a clasificarlos, a estructurarlos y a integrarlos de forma coherente en la experiencia vital.

Para acabar decir que el principio y fin de toda acción educativa en este sector consiste en conceder a los sujetos el mayor protagonismo posible, orientado a alcanzar el control y la autonomía de sus propio proceso de aprendizaje.

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